jueves, 6 de septiembre de 2012

Dino Buzzati, escritor, periodista... y alpinista

En enero de este año se cumplían 40 años del fallecimiento en Milán del escritor italiano Dino Buzzati, nacido en 1906 en Belluno, población del Véneto situada muy cerca de los Alpes Dolomitas. Para muchos Buzzati será siempre el autor de El desierto de los tártaros, novela publicada en 1940, la desasosegante historia del teniente Giovanni Drogo, destinado a servir de por vida en una guarnición fronteriza que vigila precisamente el misterioso Desierto de los Tártaros, lugar por donde un innominado estado, que nunca sabemos si es Italia o algún tipo de potencia centroeuropea, espera desde hace siglos un ataque que nunca termina de materializarse.

No es, por supuesto, la única obra de Buzzati, que en realidad fue un escritor bastante prolífico, a pesar de que él mismo se tenía a sí mismo sobre todo por periodista. Aunque, como a menudo aclaraba, su verdadera vocación, lo que de verdad le hubiese gustado ser, era la de alpinista, y sólo muy en último lugar escritor.

Lo cierto es que Buzzati fue un más que notable escalador y alpinista, como testimonia alguna vía que lleva su nombre en los Dolomitas mismos. E igualmente, que la montaña es un elemento, casi un personaje, que aparece muy a menudo en sus escritos, incluso en los que en apariencia no tienen nada que ver con la misma. Curiosamente, los que sí que tienen que ver no son demasiados. Barnabò delle montagne fue su primer libro, publicado en 1933, una bonita de historia de aprendizaje y de redención ambientada en unas imaginarias montañas de San Michele -que no son sino los Dolomitas. Aunque algunos de los elementos presentes en El desierto de los tártaros están presentes, la montaña es el protagonista absoluto, y la breve novela, de apenas cien páginas, tiene mucho de autobiográfico; como señalaba una crítica de literatura italiana, Silvia Metzeltin, alpinista también ella, sus páginas no suelen ser leídas por igual por un profano en temas de montaña y uno que no lo sea. No se trata de que haya reflexiones profundas sobre la pasión que suscita la montaña ni nada por el estilo, sino el absoluto carácter de experiencia vivida que tienen las desripciones de escaladas y caminatas, apuntes casi banales de sensaciones varias que pueden pasar despercibidos para un lector poco avisado pero que cobran pleno sentido para quien es capaz de descrifrarlas.

En realidad, aunque la temática montañera stricto sensu no es mucho más extensa en la obra de Buzzati -un puñado de cuentos, que en general no son de los mejores, y la épica descripción de una escalada protagonizada por soldados en El desierto... -, la montaña siempre muy a menudo está presente, a menudo como marco de fondo -nuevamente, El desierto..., así como El Secreto del bosque viejo y muchas otras narraciones-, pero incluso en muchas otras donde la montaña no está presente en absoluto, metáforas más o menos evidentes, leves alusiones y gestos apenas esbozados pertenecen plenamente al mundo del alpinismo y a menudo sólo se entienden desde él, lo que lleva a postular a Metzeltin dos niveles de lectura de las obras de Buzzati: uno exotérico, el dirigido al público general, y otro esóterico, con claves y signos que sólo en iniciado en temas de montaña -o mejor dicho, quien haya vivido la montaña- puede descifrar.

Si el Buzzati escritor, como hemos visto, (en apariencia) no hace demasiada justicia a la intensa y profunda pasión que durante toda su vida sintió por la montaña y sus cosas, no pude decirse lo mismo del Buzzati periodista, carrera que por cierto desarrolló en estrecha ligazón con el milanés Corriere della sera. Desde los años 30 hasta prácticamente su fallecimiento, publicó numerosas crónicas y artículos de tema montañero, en los que frente a la contención de su obra literaria podríamos decir que literalmente se desmelenaba. Toda esta producción periodística, en general de una muy alta calidad literaria (pertenecen a la edad de oro del periodismo escrito que contaba con un muy magro soporte gráfico), amén del pulado de cuentos de temática alpinista y otros textos literarios, ha sido recogida recientemente en un volumen doble bajo el título de I fuorilegge della montagna -Los forajidos de la montaña. Su lectura me resultó sencillamente deliciosa. Por supuesto, el Buzzati periodista de temas alpinos no habla de sí mismo, pero sabe de qué habla, y muy bien. Hay de todo: desde semblanzas de tipos singulares de los que nunca has oído hablar, como el inolvidable guía alpino Tita Piaz, capaz de cubrir de insultos e improperios al mismísimo archiduque de Austria si éste vacilaba en un paso complicado (eran los tiempos del alpinismo de "élite" en el sentido más literal de la palabra), crónicas de última hora sobre la ascensión al Everest por Hillary y Tenzing, reflexiones sobre el devenir del alpinismo, y polémicas varias, en las que no obstante solía mostrarse bastante comedido.

Fue justamente su fama de imparcial lo que empujó a Bonatti después de la tragedia del Montblanc a presentarse en al redacción del Corriere y solicitar una entrevista con Buzzati, al que apenas conocía personalmente. Resultado de la larga conversación fue el largo artículo, cuya lectura aún hoy emociona, titulado sigificativamente "Non mi perdonano il torto di essere tornato vivo"  ("No me perdonan el error de haber vuelto vivo"). El artículo, imparcial pero por ello mismo rompiendo una lanza a favor del linchado y vapuleado escalador, no le atrajo a Buzzati las simpatías del elitista (en lo social) stablishment alpinista italiano de entonces, con el que ya había chocado más de una vez: un tiempo antes le habían negado la entrada en la Accademia, la selecta vanguardia del Club Alpino Italiano, porque si bien tenía méritos sobrados como escalador y alpinista, alguien adujo que como periodista Buzzati escribía artículos sobre temas de montaña, ergo se lucraba económicamente de la montaña, y eso era algo al parecer algo intolerable para una acartonada institución que seguía creyendo que vivía en los tiempos del duque de los Abruzzos.

Este hombre polifacético también fue un notable ilustrador de sus propias obras y pintor -las imágenes que adornan las portadas de sus  obras por lo general son suyas. Unas montañas surrealistas pero bellísimas, casi siempre de pura y descarnada roca que se inspiran en los Dolomitas (uno intuye que Buzzati habría amado Gredos, los Picos de Europa, los montes de la Jacetania...) suelen aparecer a menudo en su obra pictórica. El Buzzati escritor tenía también una enorme potencia visual: las descripciones de montañas y paredes suelen ser enormemente gráficas, el lector mínimamente familiarizado con el entorno de la montaña las "ve" enseguida (una cualidad que por cierto también se encuentra en las descripciones de vías y escaladas de Bonatti). Y, sin embargo, Buzzati era poco amigo de recurrir a metáforas cuando describe las montañas, recurriendo a lo sumo a la geometría. A pesar de la fértil imaginación de los seres humanos, que han visto en las montañas torres, castillos, senos y catedrales de todo tipo, en algún sitio señaló que en realidad las montañas no se parecen a nada, aparte de a ellas mismas. Quizá son los castillos y las catedrales los que quieren parecerse a las montañas, como en su fantástica Piazza del Duomo.


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